Por: César Gómez Chacón
Otra vez los circuitos ideológicos del imperialismo, esos que mueven a su antojo la gran prensa hegemónica, fabrican una nueva mentira contra Cuba
Un despacho del Departamento de Estado, un par de agencias internacionales, unas cuantas “filtraciones” bien dosificadas y, en cuestión de horas, se engendra una narrativa global, repetida al unísono como papagayos roncos por los mismos medios que presumen de independencia y objetividad.
El pasado 2 de octubre, Washington circuló entre sus embajadas una nota, ojo: no cifrada, pidiendo que se trabajara activamente para socavar el apoyo internacional a la resolución cubana contra el bloqueo. Y no se anduvieron con rodeos: dos argumentos, ambos viejos conocidos. Uno, culpar al gobierno cubano de todos los males del país, en el consabido de que el “bloqueo” es una entelequia. Y el otro, más “jugoso” mediáticamente, acusar a Cuba de enviar tropas a luchar junto a Rusia en Ucrania.
Esa nota, como era de esperar, no se quedó en los canales diplomáticos. Fue pensada para filtrarse. Y así pasó: Reuters se apresuró a “recogerla” y convertirla en noticia. Con su habitual tono de aparente sobriedad, la agencia inglesa lanzó el mensaje: miles de cubanos combaten en el ejército ruso. Y aunque incluyen la posición de Cuba —por puro formalismo— negándolo, el peso simbólico de la noticia queda del lado que interesa.
Luego vino Forbes, con un reportaje construido exclusivamente sobre fuentes ucranianas y estadounidenses. Ni una sola prueba, ni una voz cubana, ni una pizca de verificación. Pero sí mucha imaginación: donde Reuters hablaba de 1 000 a 5 000 “mercenarios cubanos”, Forbes eleva la cifra a 15 000. Y en una versión posterior, ya sin rubor, a 25 000. Es casi un chiste si no fuera tan serio.
Y, como en toda cadena de desinformación bien aceitada, entran enseguida en escena esas páginas diseñadas para amplificar la propaganda anticubana. Un sitio en la web, de esos bien activos para monetizar con todo lo que se publique contra el gobierno de la isla, eleva por arte de magia el número a 20 000. Todo sin una sola prueba, sin contraste, sin pudor.
Así se mueve la maquinaria. Una nota oficial lanza la chispa, las grandes agencias le ponen el megáfono y los portales de baja estofa repiten el eco hasta que la mentira parece verdad. El objetivo no es informar, sino saturar. Crear una caja de resonancia donde la verdad de una afirmación se mida por su repetición, no por las evidencias que la sostienen.
En el fondo, lo que se busca es desplazar la atención del verdadero tema: el bloqueo, ese acto de guerra económica que ahoga a Cuba hace más de seis décadas. Negar sus efectos y culpar a la víctima es la táctica preferida. Y si además se logra asociar al archipiélago rebelde con un conflicto lejano y controvertido, mejor aún: se demoniza a Cuba, se confunde al público y se refuerza el siempre peligroso discurso político de Washington.
Ninguno de esos medios menciona la posición clara y reiterada de Cuba contra el mercenarismo y la trata de personas. Ninguno reconoce que La Habana ha denunciado públicamente cualquier intento de reclutamiento irregular. Lo omiten porque no conviene.
Ante el cacareo reciente, el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano se vio obligado a publicar hoy un comunicado oficial, donde a nombre del Gobierno “rechaza las imputaciones mendaces que el gobierno de Estados Unidos está difundiendo (…) Se trata de una acusación calumniosa (…) sin aportar evidencias o fundamento de ningún tipo, y claramente cumpliendo un servicio encomendado”, afirma la Cancillería desde La Habana. Y “ratifica categóricamente que Cuba no forma parte del conflicto armado en Ucrania, ni tampoco participa con efectivos militares allí, ni en ningún otro país.”
“El gobierno cubano —acota el documento— conforme a su legislación nacional y sus obligaciones internacionales, tiene una práctica de tolerancia cero al mercenarismo, la trata de personas y la participación de sus nacionales en cualquier confrontación armada en otro país, todos constitutivos de delitos con sanciones muy severas en el ordenamiento jurídico nacional.”
No importa, la voz de Cuba en estos casos es silenciada en la ilustre prensa hegemónica. Las cifras seguirán creciendo como globos inflados con aire caliente. Hoy dicen 20 000; mañana, quién sabe, 60 000 o 100 000. Total, la lógica de la fábula no tiene límites. Lo importante es mantener viva la historia, alimentar el prejuicio y sostener la narrativa útil.
Creer en “alquimias” es no conocer a Cuba, ni su Revolución, ni el pueblo que la sostiene. Y, sobre todo, es hacerse cómplice —aunque sea desde el silencio— de ese bloqueo que tantos prefieren no ver, pero que sigue ahí, castigando a un país por el simple hecho de no rendirse.