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Rolando Gil Olavarrieta, destacado investigador, mereció orden Carlos J. Finlay

Rolando Gil Olavarrieta hace casi 50 años forma parte del equipo del Centro de Ingeniería e Investigaciones Químicas de La Habana, donde ha revolucionado la producción de fertilizantes y productos químicos, impulsando la industria y el campo cubano.

Por Noraleydis Becerril Caballero

«En este laboratorio nosotros desarrollamos el CBFERT, un fertilizante líquido que es insigne nuestro. Un producto que obtuvo el premio Provincial de Innovación Tecnológica en el año 2020. Se comercializa a nivel nacional y ya se ha vendido alrededor de un millón de litros. Esto representa ahorros por sustitución de importaciones e ingresos al país en el orden de un poco más de los 78 millones de pesos».

Este investigador recibió la medalla Nico López en el 2001, la medalla Juan Tomás Roig en el 2014 y la medalla Jesús Menéndez en el 2024. Hoy es merecedor de la Orden Carlos J. Finlay, pero su mayor orgullo no está en los diplomas, sino en ver su trabajo germinar en el país.

La directora general del Centro Anisley Mollinedo Santana, resaltó la importancia de tener a Rolando como trabajador fundador.

«Es la columna vertebral de este centro, creo que son las mejores palabras que encuentro. El 90% de nuestros resultados dependen de él y de Carmita, quien además es su esposa. Ambos son fundadores del centro, y representan el conocimiento de mayor experiencia para los miembros jóvenes. Él trata de transmitirles todas las ideas y formarlos en los nuevos proyectos como investigadores de excelencia».

Rolando fue director de Investigaciones por más de 20 años y actualmente continúa trabajando como Jefe de Proyectos de Investigación en la rama de los fertilizantes. Dirige tres proyectos de investigación, dos de ellos con carácter territorial perteneciente al CITMA y el otro proyecto Sectorial auspiciado por el MINDUS. Desde el laboratorio, incluso en condiciones adversas, su ingenio y dedicación han transformado realidades de los que aún creen en el impacto de la ciencia.

«Yo al centro le debo mi formación total, – afirmó Rolando con una sonrisa complaciente- me gradué en Licenciatura Química en 1976 y desde ese mismo año comencé a trabajar aquí vinculado a la línea de Química Inorgánica. Uno no sabe mucho cuando sale de la Universidad, pero gracias al apoyo del Centro de Ingeniería e Investigaciones Químicas pude hacer diferentes cursos que me dio una formación completa y que me ha servido a su vez de base para enseñar a otros profesionales más».

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