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“Fiesta” de paz sobre las ruinas de Gaza

Por César Gómez Chacón

Desde Cuba, al parecer, tenemos otra visión del asunto. Una visión que muy pocos quieren o pueden ver…

Setecientos treinta y seis días de horror, más de setenta mil muertos y una franja de tierra devastada. Dos años enteros de bombardeos, de hospitales pulverizados, de escuelas arrasadas, de niños bajo los escombros. Solo entonces —cuando ya nada quedaba por destruir—, las potencias que armaron y alentaron la guerra han decidido celebrar el “gran acuerdo de paz” entre Israel y Palestina.

Entre vítores y discursos, se aplaudió al “mesías de la paz”, al orate de Donald Trump, como si la historia no recordara que durante meses echó gasolina al fuego que ahora pretende haber apagado. Se festeja el alto al fuego como un triunfo diplomático, cuando en realidad es el retrato de una derrota moral colectiva: la de Occidente, que observó el genocidio con los brazos cruzados o con las manos llenas de armas vendidas a Israel.

¿Qué celebran?

La prensa hegemónica habla de “nuevo comienzo”, de “valiente liderazgo”, de “renovada esperanza”. Pero lo cierto es que el llamado acuerdo de paz llegó cuando ya no quedaban casi rehenes, cuando Gaza entera se convirtió en una fosa común, y cuando el costo humano hace imposible cualquier celebración.

Durante estos dos años, Washington vetó resoluciones de la ONU, justificó cada ataque “en defensa propia” y continuó enviando misiles y millones de dólares al ejército israelí. Europa, tan presta a dar lecciones de derechos humanos, siguió el mismo camino: más contratos militares, más silencio ante las matanzas, más cobardía política.

Lo que hoy llaman “excelentes resultados de las negociaciones de paz” no es más que un ajuste entre verdugos: un acuerdo impuesto por quienes fabricaron las armas y los pretextos. Y ahora hablan de aportar (ganar) millones para la reconstrucción ¿de qué?

La resistencia en Gaza logró finalmente vencer los intentos por desaparecer la franja. Pero el costo ha sido demasiado grande. Los estrechones de mano y las sonrisas sin adjetivos nada significan en una celebración que huele a sangre, polvo y desesperanza.

El “mesías” y la propaganda

Trump llegó a este escenario como un personaje salido de su propio espectáculo. El mismo que posa para las cámaras con Netanyahu y otros líderes occidentales, y se presenta como salvador universal, tiene en mente la próxima contienda exterminadora y rodea a Venezuela con buques de guerra. En espera de recibir el próximo “Roben la Paz”.

Nada hay de filantropía. Lo firmado en Egipto no es más es un mapa de control político, una operación de relaciones públicas que convierte la tragedia palestina en escenografía electoral. El reparto de papeles siempre ha estado claro: Estados Unidos dirige, Israel ejecuta, Europa aplaude, y los grandes medios narran el guion de la redención. Bienvenida la paz de los sepulcros, con miles de palestinos aún debajo de los escombros.

En el infierno

No hay concordia que pueda construirse sobre los muertos, mutilados y desplazados. No hay tregua auténtica cuando se mantiene intacta la lógica de la ocupación, del despojo, del castigo colectivo. Y no hay moral posible en un sistema internacional que mira hacia otro lado hasta que la destrucción es tan absoluta que ya nada amenaza sus intereses.

Sí, la paz es bienvenida, pero demasiado tardía y tan precaria que no han cesado las acusaciones mutuas, y Gaza vuelve a ser ametrallada cada día después de firmados los famosos acuerdos.

Los palestinos no necesitan más mediadores ni salvadores de ocasión. Necesitan justicia, memoria y garantía de verdadera paz y soberanía. Mientras eso no suceda, ningún tratado, ninguna firma y ningún discurso podrá borrar el hecho más simple y doloroso de todos: que se esperó demasiado para detener el genocidio, y que se festeja ahora solo porque la guerra ya cumplió sus objetivos.

Israel y los Estados Unidos nunca permitirán una Palestina libre y soberana. Nadie con vergüenza debería creer que de veras se puso el punto final. Mientras no sean juzgados los genocidas y sus cómplices.

//sls

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