Por: César Gómez Chacón.
En medio de un escenario internacional marcado por tensiones crecientes, sanciones recrudecidas y amenazas de agresión, Cuba vuelve a colocarse en el centro de una disputa geopolítica que no quiere, pero no elude.
Más de seis décadas de bloqueo norteamericano, intensificado en los últimos meses ya como política de asfixia, han moldeado no solo la economía, sino también la cultura política, el sentido de resistencia y la concepción estratégica de supervivencia de la isla rebelde.
El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aprovechó una nueva visita al V Coloquio Internacional Patria, que reúne por estos días en La Habana a periodistas, comunicadores y otras personalidades de la izquierda y la solidaridad internacional, para ofrecer una entrevista exclusiva a la periodista Aliana Nieves del canal de televisión ruso RT en español.
Con su estilo directo y sin frases rebuscadas, el también primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, dibujó la hoja de ruta que define el presente de su nación en condiciones extremas, una especie de mapa político donde confluyen la previsión, la reforma interna y la reafirmación ideológica.
La previsión como principio estratégico
Uno de los elementos más reveladores es el reconocimiento explícito de que la dirección cubana no actúa a ciegas. “Una estrategia que contemplaba sobre todo un programa de gobierno para superar los problemas estructurales de la economía y propiciar un crecimiento económico con desarrollo social”, afirmó Díaz-Canel, y dejó claro que La Habana no espera los golpes: los anticipa. Prever el endurecimiento del cerco imperialista es realismo político.
Emerge así una de las claves que el presidente bien define: la planificación estratégica como instrumento vivo, nutrido por la participación del pueblo. “Con ese debate popular se enriqueció, se robusteció (la estrategia de resistencia nacional), y es lo que hoy estamos tratando de aplicar”, subrayó el mandatario.
Reformar sin renunciar
Lejos de cualquier inmovilismo, el gobierno cubano apuesta por una actualización profunda de su modelo económico. Díaz-Canel habló de una “adecuada relación de descentralización con centralización y de planificación con el uso de señales del mercado”. La frase, que podría parecer técnica, encierra un giro importante: reconocer el papel del mercado sin ceder el control estratégico del Estado.
Este equilibrio podría marcar un punto de inflexión. Más autonomía para empresas y municipios, actualización de la ley de inversión extranjera y flexibilización de estructuras administrativas son pasos que apuntan a dinamizar la economía sin desmontar el proyecto social.
Pero no se trata solo de economía. El propio presidente anunció “un redimensionamiento de todo el aparato estatal”, con el objetivo de “reducir burocracia” y construir estructuras “más planas y más eficientes”. En un contexto de escasez y presión externa, la eficiencia deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad de supervivencia.
Energía: soberanía frente al bloqueo
Uno de los talones de Aquiles de la economía cubana ha sido históricamente el sector energético. Dependiente de importaciones y vulnerable a sanciones externas, el país sufre prolongados apagones, que se agudizan cuando se desconecta totalmente el sistema electro energético nacional, con nefastas consecuencias para la vida diaria. De ahí la importancia de la estrategia anunciada: “más exploración, más producción y refinación del crudo nacional, que no nos lo pueden bloquear, más utilización de las fuentes renovables de energía”, recalcó Díaz-Canel.
La clave está en esa frase: “que no nos lo pueden bloquear”. La soberanía energética no es solo un objetivo económico; es un escudo político. Apostar por energías renovables y por la explotación de recursos propios reduce la dependencia externa y, por tanto, la capacidad de presión de Washington.
Identidad frente a comparaciones simplistas
En un momento particularmente sensible de las entrevista, el dirigente cubano rechazó las comparaciones con otros procesos políticos de la región. “Nunca me gusta que nos comparen con las realidades de otro país”, afirmó en defensa de la singularidad histórica de Cuba.
Y es que el archipiélago caribeño no es replicable ni reducible a esquemas ajenos.
“Cuba es una nación que ha estado durante más de 60 años bloqueada, resistiendo agresiones”, recordó y enfatizó: “hemos sobrevivido, hemos resistido a esas agresiones y hemos podido incluso avanzar”. En esa afirmación hay un mensaje doble: reconocimiento de los duros retos, pero también reivindicación de la capacidad de resistencia.
La defensa como cultura nacional
En sus respuestas a RT en español, que se ve las 24 horas en Cuba, el discurso del presidente apunta que la defensa no es un asunto exclusivamente militar. Cuba no busca la guerra, pero se prepara para ella. Es una concepción social, una cultura política. “Lo que sí te puedo asegurar es que aquí hay un pueblo dispuesto a combatir”, afirmó Díaz-Canel al referirse a la concepción de la “Guerra de todo el pueblo”, concebida por el Comandante en Jefe Fidel Castro desde hace varias décadas y que define a la isla como bastión inexpugnable ante cualquier agresión armada desde el exterior.
La evocación de los 32 combatientes cubanos heroicamente caídos en rechazo a la reciente agresión norteamericana en Venezuela, refuerza la idea del compromiso internacionalista, pero también lanza un mensaje claro: si fuera necesario, la defensa de Cuba sería con igual arrojo y millones de patriotas dispuestos a hacer verdad la frase que retumba en estos días, cuando en el propio Coloquio Patria se recuerda el 65 aniversario de la victoria contra el imperialismo yanqui en Playa Girón: ¡Patria o Muerte!
“Siempre tendremos presente la certeza en la victoria que Fidel nos inculcó”, recordó el mandatario, en clara conexión del presente con la épica fundacional de la Revolución.
Rusia: el peso de un aliado en tiempos difíciles
En el tablero geopolítico actual, las alianzas cobran un valor estratégico crucial. En este sentido, el papel de Rusia aparece como un factor de equilibrio frente a la presión estadounidense.
Y el presidente cubano aprovecha la pantalla de RT para agradecer al gran país euroasiático.
El reciente envío de combustible ruso a la Isla fue catalogado por Díaz-Canel como “un hecho significativo, es un hecho de apoyo, es un hecho de acompañamiento a Cuba en situaciones difíciles como siempre lo ha hecho Rusia y el hermano pueblo ruso”.
Entre la presión y la dignidad
Cuba enfrenta hoy un escenario muy complejo. Sin embargo, la respuesta de su pueblo y quienes lo dirigen se articula en tres ejes claros: la continuidad soberana de la Revolución socialista y sus reformas internas, la unidad del pueblo en torno a su liderazgo y las alianzas internacionales.
Si algo deja claro las declaraciones del presidente Díaz-Canel ante los televidentes de RT en español es que Cuba no se concibe a sí misma como víctima pasiva. Se ve, más bien, como un actor que, pese a limitaciones de todo tipo, intenta mover sus propias piezas en un tablero mundial de extrema complejidad y peligros de todo tipo.
Cuba no solo resiste: se redefine en cada jugada, sin abandonar un ápice los principios revolucionarios que la trajeron hasta aquí.

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