Por: César Gómez Chacón.
La circulación simultánea de chikungunya, zika, dengue y otras arbovirosis ha colocado al sistema de salud cubano ante un nuevo y difícil reto.
No es la primera vez que el país vive una situación similar, pero esta ocasión tiene una doble carga: por un lado, el comportamiento epidemiológico propio de estas enfermedades y las crecientes dificultades para enfrentarlo; por otro, el ruido mediático que generan algunos espacios —sobre todo desde la Florida— que exageran, inventan o distorsionan lo que realmente sucede en Cuba.
Frente a ello, la única referencia seria es la de las fuentes oficiales: los reportes del MINSAP, sus diarias actualizaciones, las notas de los gobiernos territoriales y la prensa nacional. Es ahí donde están los datos comprobados.
Cifras oficiales y transparencia como método
Las autoridades sanitarias cubanas han sido claras: existen incrementos de casos en todo el país, y con mayores incidencias en determinados municipios. Se incrementa también la vigilancia activa en hospitales, policlínicos y consultorios, y se actualizan protocolos según evoluciona la situación. La información no se oculta ni se manipula; se explica y se contextualiza, porque la transparencia epidemiológica es una política establecida aquí desde hace décadas.

Ciertamente, la realidad es dura. Y solo cada familia sabe sus intríngulis; algunas han sufrido el empeoramiento hasta la terapia intensiva de un ser querido, otras, las menos, han lamentado el fallecimiento de aquella o aquel que, de no haber sido picado por el mosquito infectado…
En muchas ocasiones se resuelve en la casa el tratamiento al enfermo, y no siempre se acude a las cercanas instituciones de la salud, incluso al médico de la familia. Pudieran haberse evitado muchos de los perores desenlaces. Y también por ello las cifras oficiales de enfermos por estas causas estarán siempre por debajo de la realidad.
Los reportes diarios permiten de cualquier manera saber qué territorios presentan mayor incidencia, qué medidas se aplican y cómo se comportan los indicadores clínicos. Esos números, verificados y consolidados, son los que deben guiar a la población, no las alarmas sin fundamento que circulan en redes sociales.
Acciones concretas en los barrios
En toda Cuba se ha intensificado el control vectorial: fumigación, tratamiento focal, levantamiento de riesgos, eliminación de depósitos de agua, pesquisa de febriles y seguimiento caso a caso de quienes han acudido a la ayuda profesional. Los Consejos de Defensa activan cada día mecanismos que permiten reaccionar de forma rápida ante un foco.
En el barrio —no en los perfiles anónimos que se publican desde Miami— es donde realmente se libra la batalla. Y es ahí donde la gente ve a los equipos trabajar desde el amanecer, donde se organizan jornadas de limpieza y donde se detectan y atienden casos con prontitud.
Ciencia y salud pública: la base de la respuesta cubana
El Instituto Pedro Kourí (IPK) y los centros de investigación biomédica del país continúan actualizando protocolos diagnósticos, diferenciando chikungunya de dengue y otras arbovirosis, reforzando laboratorios y orientando a los médicos del sistema nacional de salud.
Cuba no improvisa: investiga, prueba y comunica. Los especialistas, comenzando por el conocido y siempre bienvenido a la pantalla de los televisores, el doctor Francisco Durán, director nacional de epidemiología, explican a la población cómo evolucionan los virus, qué síntomas requieren atención inmediata y cómo evitar complicaciones. Esa combinación de ciencia y comunicación pública es uno de los pilares que distingue a la salud cubana.
Las limitaciones económicas: un obstáculo real y reconocido
A diferencia de otras etapas epidemiológicas, hoy combatir estas enfermedades resulta más difícil también por un factor determinante: las limitaciones económicas derivadas del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos a Cuba, ahora endurecido hasta lo absurdo e inhumano.
El bloqueo restringe la compra de insumos, reactivos, piezas de repuesto, equipos de fumigación, productos para el control del vector e incluso tecnologías médicas que requieren bancos y navieras que no teman y decidan arraigarse a las sanciones yanquis. Todos esos obstáculos encarecen, retrasan o impiden la adquisición de recursos esenciales. Las autoridades lo han explicado con claridad: el bloqueo no es un argumento político, sino un obstáculo real que incide directamente en la capacidad de respuesta epidemiológica del país.
Aun así, y pese a las carencias, Cuba reorganiza recursos, prioriza territorios vulnerables, repara equipos y busca soluciones locales.
La mentira: otro vector a combatir
En paralelo a las limitaciones materiales, existe un desafío informativo. Algunos medios y oscuros navegantes en internet, fundamentalmente en la Florida, pero también mercenarios tierra adentro, publican cifras que no coinciden con ningún reporte sanitario del país, presentan testimonios sin verificar o repiten historias diseñadas para generar pánico. Sustituir los datos reales por versiones sensacionalistas y mentirosas es una forma “moderna” de manipulación y de influir en los sentimientos de un pueblo ya lo suficientemente agobiado por las dificultades diarias.
La estrategia cubana es la opuesta: datos comprobados, informes institucionales, calificados especialistas y autoridades hasta el más alto nivel explicando en medios públicos, informando abiertamente. La verdad sanitaria no se construye con rumores, sino con evidencias.

La mayor fortaleza cubana: un país que actúa unido
Si algo distingue a Cuba en momentos como este es la forma en que se articula el país entero: consultorios que pesquisan, policlínicos que clasifican, hospitales que atienden gratuitamente, laboratorios que confirman, gobiernos locales y a nivel de nación que supervisan, coordinan, deciden… Y una población que participa eliminando criaderos y siguiendo orientaciones.
Ese trabajo integrado y constante es la verdadera respuesta nacional y la razón por la cual Cuba ha superado otros desafíos epidemiológicos mucho peores. Confianza y disciplina se suman a la certeza de que también esta etapa será vencida más temprano que tarde.
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